La Red nos ofrece curiosidades como la que presento a continuación, un valioso ejemplo de brevísima autobiografía. Su contenido encierra una verdadera declaración de principios.
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miércoles, 14 de marzo de 2012
lunes, 10 de enero de 2011
Reminiscencia (y II)
Aquí presento la segunda parte del artículo: Deterioro intelectual y reminiscencia, de la Dra. Beatriz Sepúlveda López, Directora General de GRESMA, y que apareció en el número de octubre de 2010 de la revista Médico Moderno. FUNCIONES DE LA REMINISCENCIA
A continuación nos daremos cuenta de la gran importancia que tiene ésta, no sólo para el buen envejecer sino para tener una historia que seguir recordando, algunas de sus funciones son las siguientes:
Favorece la integridad
Al relacionar lo vivido, el pasado con el presente, se constituye una vivencia de continuidad, de historia de vida. Así, al integrar el pasado hay una reconciliación con la vida que nos ha tocado, evitando con ello una excesiva añoranza por lo no vivido. Permite encontrar significado y propósito –sentido- a la vida. Lograr la integridad es una de las características del buen envejecer.
Refuerza la identidad y aumenta la autoestima
Identidad es la vivencia del propio yo, una unidad que nos distingue de los otros, es lo que nos hace singulares y como nos conocemos a nosotros mismos. Uno se visualiza como único a través de la vida, se reconoce entonces en el niño y el joven que fue, en el adulto que creció y hoy en el adulto mayor en una nueva etapa de la vida por vivir.
Tendemos a mantener la identidad a través de los múltiples cambios que sufrimos a lo largo de la vida, tendemos a sentirnos los mismos, aun cuando nuestro cuerpo, nuestra forma pensar, nuestros roles y nuestro lugar en la sociedad cambien. En este sentido, la identidad es en lo que se compara la adolescencia con el envejecimiento, el adolescente debe forjarse una y también sufre pérdidas, el adulto mayor debe conservarla, y necesita lograr la continuidad de ella por medio de los cambios. Cambios y preparación para la adultez en el adolescente, para la vejez en el adulto mayor.
Así como el adolescente fluctúa a veces entre conductas infantiles y adultas, también el que envejece quiere seguir siendo joven y se esfuerza, quizá demasiado, en actividades en general físicas y otros asumen la vejez antes de tiempo… se entregan.
La autoestima es el aspecto afectivo de la identidad. En el envejecimiento y a causa de los cambios y de las pérdidas decimos que la autoestima se ve amenazada, hablamos de una herida narcisista. Es un momento en el que el adulto mayor se siente más vulnerable, a veces más solo y el recordar, con otros, hechos de su vida, le ayuda emocional y socialmente otorgándole la oportunidad de encontrar nuevas fuerzas.
La reminiscencia ayuda a reforzar la autoestima porque recuerdan hechos en donde se tenía mayor vitalidad, se pone de manifiesto todo lo que se hizo, se creó, se sintió, se tejió en una vasta historia personal y se reconoce como propio. Así, al lograr traer a la memoria momentos vividos con intensidad, entusiasmo y éxito, la potencia y la vitalidad, que hoy se consideran como disminuidas, adquieren un nuevo y mayor sentido.
Permite la resignificación
Ésta tiene que ver con volver a evocar un acontecimiento muchas veces conflictivo, que pudo ser traumático o no, y efectuar un repaso de éste que permite una ubicación de ese hecho o evento de una manera menos dolorosa. De acuerdo con nuevas experiencias y con el tiempo de fondo se pueden dar significados distintos a las cosas vividas.
Estimula los duelos
El duelo es un trabajo psíquico necesario para afrontar una pérdida significativa tal como un ser querido, un objeto importante o una actividad relevante; este trabajo psíquico se da acompañado por una sensación de tristeza, de dolor. Pérdida y reacción frente a la misma son las partes del duelo.
La pérdida es una experiencia vital, se siente que ya no se tiene o se ha dejado algo significativo, sea real o no. Ya Freud, en 1915, decía que “el duelo es por lo general la reacción a la pérdida de un ser amado o de una abstracción equivalente, la patria, la libertad, ideal, etc”.
El duelo lleva a desprenderse íntimamente del objeto perdido, es un proceso, es decir, tarda un tiempo y su resolución encamina a la liberación de energías que quedan entonces disponibles para nuevas actividades, para nuevos vínculos. En el transcurso del camino de vida invariable e inevitablemente se viven muchas pérdidas más o menos significativas, más o menos dolorosas, pero que, sin duda, nos precisan a la habilitación de nuevas capacidades afectivas y sociales, nos precisan a reaprender, a continuar y a aceptar quienes somos con lo vivido.
Triunfo de la longevidad
Es a través de la reminiscencia que uno puede mostrar una historia de vida, rica de experiencias, donde la supervivencia indica un triunfo sobre la muerte, haciendo posible un mayor bagaje vivencial.
Ayuda a mantener la memoria colectiva
Al transmitir los hechos del pasado a las nuevas generaciones permite, al mismo tiempo, la búsqueda de nuestras raíces ancestrales. Recordemos que sólo aquellos que la han vivido son quienes pueden narrar la historia.
Todos los estudios realizados para corroborar el efecto de la reminiscencia, como los que resultan de la práctica clínica muestran cómo las personas que tienen la posibilidad de recordar tienen menos tendencias depresivas. Así Robert Butler, importante gerontólogo estadounidense dice que “hay una correlación positiva entre reminiscencia y la adaptación positiva a la vejez, gracias a la conservación de la autoestima y a la consolidación del sentido de identidad”. También los estudios de McMahon y Rhudick, en 1967, en encuestas con un grupo de veteranos de guerra han llegado a conclusiones similares.
La reminiscencia deviene además en un recurso psicoterapéutico de inmenso valor, ya sea de manera oral o escrita, a manera de creación literaria o artística. Recordar muchas veces asusta tanto como el no lograrlo; sin embargo, pareciera que socialmente se condiciona para olvidar, para no ver o no reparar en aquello que no está bien, que molesta, bloqueado el recuerdo, llegando incluso a dejar de lado el recuerdo feliz por restar importancia.
La reminiscencia da la posibilidad de ver desde la cumbre de la montaña lo caminado y observar, tender la mano a quienes vienen escalando tras nosotros; da la posibilidad de observar nuestra historia completa y respirar profunda y tranquilamente, reconociendo y reflexionando en cada uno de los momentos vividos; da la posibilidad de saber que hemos triunfado al vivir vasta y plenamente… la reminiscencia permite sentir los colores que se llevan por dentro para darles un nuevo brillo.
lunes, 3 de enero de 2011
Reminiscencia (I)
Soy un convencido de que la escritura autobiográfica cumple una función terapéutica indiscutible, y no sólo a una determinada edad (madurez, tercera edad), sino en cualquier etapa de la vida. La Dra. Beatriz Sepúlveda López, Directora General de GRESMA (Grupo de Especialistas en Salud Mental) analiza las funciones de la reminiscencia en un artículo publicado en la revista Médico Moderno de octubre de 2010.
DETERIORO INTELECTUAL Y REMINISCENCIA
“El tiempo no es sino el espacio entre nuestros recuerdos”
Henri Fréderic Amiel
Cuando se pregunta a las nuevas generaciones acerca de las características que son más relevantes en la forma de ser de los ancianos, como una de las primeras respuestas a esta descripción se hace hincapié en el hecho de que los abuelos constante y, en ocasiones, repetidamente cuentan hechos del pasado, de su historia. Éstos son los relatos que no parecen tener sentido para quien los oye, digo oye porque escuchar es poner atención para luego conservar esa información como parte del bagaje personal, reiterando que uno de los prejuicios generalizados que pesan sobre los adultos mayores desde la sociedad y, también, desde ellos mismos, es el creer que recordar el pasado es malo, nocivo e indicativo contundente de deterioro.
La psicología clínica lo considero durante mucho tiempo como un proceso regresivo, de goce con un pasado ya inexistente, muchas veces teñido de fantasía, y se le relacionaba en forma peyorativa con el deterioro intelectual. Esta idea traspasó los límites de la clínica y pasó a formar parte de la sabiduría popular en forma prejuiciosa y gerontofóbica. La realidad es que recordar el pasado para los adultos mayores e incluso para todo grupo generacional es, definitivamente, una prueba fehaciente de vida consciente, de aprendizaje mediante experiencias pasadas, de soluciones e implica un gran trabajo cognitivo que a nivel psicodinámico es altamente favorecedor, como podremos ver a continuación.
Se llama reminiscencia a la función que permite recordar pensando o relatando hechos, actos o vivencias del pasado, por lo general vivenciados con un matiz placentero. Salvarezza (1988) la define con mayor precisión diciendo que es “una actividad mental organizada, compleja y que posee una finalidad instrumental importantísima: la de permitirle al sujeto reafirmar su autoestima cuando sus capacidades psicofísicas y relacionales comienzan a perder vitalidad”. Es una actividad psicológica universal, no sólo necesaria en el envejecimiento y en la vejez, ya que es saludable porque favorece la integración del pasado al presente, le da continuidad, reforzando así la pertenencia y la identidad.
Algunos gerontólogos norteamericanos, clasifican en varios tipos la reminiscencia, así hablan de la integrativa, narrativa, obsesiva, instrumental, transmisiva, pero resulta de utilidad conocerlas para aplicarlas en distintas oportunidades.
El recordar actúa como una ‘revisión de vida’ y da la posibilidad de llevarnos a realizar una reconstrucción de la historia personal. Es una función que se ejercita a través de la memoria, se recuerda a toda edad pero es más específica en la etapa de envejecimiento.
Cuando uno rememora, revisa los recuerdos, los mira desde el presente y puede capturar las emociones que acompañan a ese episodio que hoy es recordado. Así pues, éste es un proceso vital, normal y saludable del envejecer.
Se puede usar de dos formas el recordar el pasado; algunas veces como huida o como negación a la vida actual, queriendo fijar en el momento que corresponde al recuerdo el tiempo; es un mecanismo de defensa que evita mirar la realidad. Este tipo de memoria corresponde entonces al tipo de reminiscencia obsesiva que mencionamos antes, como podemos pensar esta forma de recordar no es saludable ya que lleva al retraimiento y constituye en un elemento patológico al desviar al sujeto de la realidad. La reminiscencia es otra forma de recordar.

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