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miércoles, 4 de abril de 2012

Cómo comenzar una autobiografía


La página web En Plenitud ofrece algunas ideas a tomar en cuenta cuando se ha tomado la decisión de redactar su biografía.

Conociéndose a uno mismo

Este quizás sea uno de los ítems más difíciles de configurar. Muchas personas se definen por el trabajo que hacen, los hijos que han criado, o la posición que han logrado. Pero todo esto es, en realidad, parte de lo que somos, puesto que hay mucho más. Sin dudas existen muchas otras historias detrás de estas definiciones, muchas experiencias que nos han formado, valores que hemos inculcado, y relaciones que hemos gestado.
Estas son las historias que generalmente interesan en las biografías personales, en especial a aquellos profesionales de la escritura entrenados especialmente para ayudar a las personas mayores y sus familias, así como también a los negocios y las organizaciones, a registrar sus historias, únicas y extraordinarias.
En efecto, el campo de las biografías personales es un fenómeno reciente pero creciente, que interesa a gente de todas generaciones. Términos como “historia personal”,”memoria” y “biografía” se encuentran cada vez mas frecuentemente en nuestra vida y cultura.

El sentido de una biografía personal
A medida que nuestro mundo personal cambia cada vez más rápidamente, todos nosotros tenemos la necesidad, -humana y básica-, de saber de donde venimos, para así entender mejor nuestro pasado, aunque el mismo no nos termine de gustar. Por eso, muchos señalan la importancia de que los mayores compartan sus historias personales con los más jóvenes.
La historia no solo se limita a los acontecimientos que forman las naciones, sino que también debería comprender los acontecimientos que han formado a cada uno de nosotros, las lecciones que hemos aprendido, y el legado que queremos dar.

La importancia de registrar la historia de vida personal o de alguien al que se ama
Los biógrafos, o historiadores de vida personal, afirman que registrar las historias de vida personal es una manera poderosa y directa de transmitir los valores familiares, crear conexiones más profundas entre los más adultos y los más jóvenes, y fomentar un sentimiento positivo tanto para oír como para escribir esta y otras historias.
Por eso, muchos coinciden en afirmar que el registrar las historias personales es una manera maravillosa de honorar a nuestros ancianos, ya que el mensaje que se está transmitiendo es que esa persona es importante, su vida tiene significado, y uno quiere escucharla.
Por cierto, existen muchos beneficios en sí mismos para los biógrafos personales, según evidencian algunas investigaciones actuales sobre el envejecimiento. Esto es así por que las reminiscencias son una parte muy saludable en el desarrollo adulto, ya que se comprobó que existen magníficos beneficios terapéuticos en las poblaciones mayoras que se centran en la investigación de su propia u otra vida. Estos beneficios incluyen un mayor amor propio, menores niveles de depresión, y un mayor sentido de significación a la vida.
A medida que crecemos, necesitamos mirar que fue de nuestras vidas, y entender el sentido de las innumerables experiencias, tanto buenas como malas, que nos han formado. Haciendo esto, a menudo se suele encontrar un sentido de paz y determinación para poder continuar con nuestras vidas.
Existe una gran variedad de maneras de registrar la propia historia personal. En primero lugar, debe saber que hay varios formatos de registros para escoger. Por eso, debería considerar si desea que su trabajo final aparezca escrito a mano, en computadora, grabado a voz en discos compactos o casetes, o grabado audiovisualmente en una cinta de vídeo o DVD.
El formato que elija sin dudas condicionará el mismo proceso de trabajo, por lo que debe tenerlo definido desde un comienzo, ya que el trabajo suele comenzar generalmente con una entrevista hacia un miembro familiar o realizada por un entrevistador profesional.
Puede ser que sean necesarias muchas sesiones de trabajo preliminares para diseñar los temas y las historias que se abordarán o serán cubiertas. Algunos historiadores personales afirman que un entrevistador neutral y proveniente del exterior de la familia, permite lograr una narrativa más profunda y comprensiva, antes que un entrevistador de la misma familia. En efecto, este último podría dejar de preguntar cosas que él ya conoce, pero no los demás, o podría diferir con la opinión del entrevistado, tratando de imponer su propia idea en la situación de entrevista.  
De cualquier forma, una vez que la historia se cuenta, se puede preservar en un gran número de maneras. Los archivistas recomiendan que se utilice papel libre de ácidos para imprimir, y cajas plásticas con buen cerramiento para almacenar los papeles, las cintas, los videos, y otros objetos antiguos de la familia.  
A menudo se suele contratar a biógrafos personales profesionales que ofrecen sus servicios de consulta y redacción, así como una variedad de servicios que incluyen videos y entrevistas grabadas de historias de vida, recuerdos familiares, conservación y mantenimiento de árboles genealógicos y documentos, biografías cortas, etc. (consulte en su biblioteca pública local para obtener un listado de los mismos). 
Existen, sin embargo, algunos obstáculos para registrar las historias personales. Tal vez, los mayores tengan que ver con el tiempo y los conocimientos. Si bien muchas personas están muy de acuerdo con que los registros personales y las historias de familia son un ejercicio muy importante, son pocos los que disponen del tiempo necesario como para diseñar y producir un proyecto referente a sí mismo y a sus parientes. En otros casos, algunas personas se sienten a menudo técnicamente incapaces de tratar con las complejidades de la escritura, la investigación, el registro, o la redacción de una historia personal.  
Tal vez algunas personas piensen que su vida no registra nada importante ni emocionante que deba ser contado. Quizá sientan que nadie se interesaría por su vida, menos encantadora o exitosa que la de una estrella de Hollywood. ¡Cuan equivocados están! En primer lugar, si llegan a sentarse tranquilos a redactarla, verán cuan emocionante pudo ser ese primer beso, ese examen crucial aprobado, o muchas de las cosas que sucedieron en su larga y cambiante vida. Además, piense que la historia de sus ancestros, dos siglos atrás, puedo ser menos interesante que en la actualidad, en la cual podemos ver todo un registro de las épocas pasadas… lo mismo les sucederá a sus descendientes, cuando lean su historia en un futuro lejano.
Un viejo refrán señala que "cuando un anciano muere, es como si una biblioteca entera se quemara". El hecho, es que todos tenemos cosas importantes, valores, y experiencias para compartir, las cuales solemos obviar en el trajín diario de nuestras vidas, en las que nos encontramos sin tiempo ni energía para hacerlo.
Pero preservando nuestras historias, podremos darnos a nosotros mismos la posibilidad de haber dejado una huella en nuestro camino, y a nuestros descendientes, la chance de conocer mejor nuestras vidas y nuestros tiempos, esperando que nuestra experiencias los ayude a manejarse en la vida y los nutra con todo nuestro amor.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Las 11 mejores biografías y memorias de 2011


Para cerrar el año el sitio web Brain pickings publicó lo que a su criterio le parecen los mejores libros biográficos y de memorias del año pasado.
Se trata de un puñado de interesantes ejemplos, de estilos diversos. En esta lista se incluyen trabajos tan atractivos como el dedicado a Marie y Pierre Curie, o más convencionales como el que trata sobre Steve Jobs, pero sin duda todos son una muestra perfecta de que el género autobiográfico no tiene porque se monótono ni aburrido.

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lunes, 21 de febrero de 2011

FOTOGRAFÍA Y ESCRITURA

A propósito de la reciente publicación de los escritos autobiográficos de Salvador Elizondo, reunidos en el volumen MAR DE IGUANAS (Atalanta), presento un texto de  Sergio R. Franco, sobre la importancia de la fotografía en el escrito AUTOBIOGRAFÍA PRECOZ de Salvador Elizondo, aparecido en la Revista Iberoamericana en 2007.
FOTOGRAFÍA Y ESCRITURA EN AUTOBIOGRAFÍA PRECOZ DE SALVADOR ELIZONDO

¿Se escribirían tantas memorias y autobiografías en la actualidad si no dispusiéramos de fotografías, es decir, de un archivo visual que anima la capacidad evocadora de los individuos? Como bien saben todos los que hayan leído a Proust, la memoria no requiere de imágenes para su incitación; pero no deja de ser cierto que el vertiginoso archivo visual puesto a nuestra disposición desde la aparición de la fotografía incrementa –y quizá también obtura– nuestra aprehensión fenoménica del mundo y del pasado, rendido a nuestra contemplación subyugada o distraída. Asimismo, sería justo que nos preguntáramos por la vigencia de lo autobiográfico per se en este período dominado por la imagen, el simulacro y la teletecnología. ¿No es exacto ver en el auge de lo visual y de lo audiovisual una posibilidad para articular lo autobiográfico (así como lo biográfico y lo histórico) de una manera distinta? ¿No podríamos considerar la común práctica del álbum de fotos como la contrapartida no “ilustrada”, valga la ironía, al texto autobiográfico que se ajusta mejor al nuevo sensorium que la tecnología ha acarreado?
...
En Autobiografía precoz encontramos dos fotografías, dispuestas una de ellas al inicio del libro y otra al final. La primera es contemporánea a la escritura del texto: el joven Salvador Elizondo aparece retratado en ligero picado, desde arriba de la cintura a la cabeza, en composición de tres cuartos, lo que acentúa el contraste de luces y sombras de la imagen. La segunda foto proporciona el retrato del autor al tiempo de la nueva edición de la obra. Ahora Elizondo aparece fotografiado frontalmente desde arriba de las rodillas hasta la cabeza, la mano derecha enlazando la muñeca de la izquierda. No ha intentado repetir una pose. Sabe que ello solo agudizaría la diferencia y la semejanza; es decir, el contraste. Pero éste no puede ser eludido ante la inevitable transformación del cuerpo del autor real, tan notoria como la modificación de temperamento del personaje que cada uno e los retratos suministra.
La razón que explica la presencia de estas dos imágenes parece clara: son evidencia de verdad, concepto que, como señala Hayden White, pertenece al orden del discurso y no al de los eventos. Puesto que el auge de la fotografía ocurre durante el período en que decae la religión en el imaginario de occidente, suplantada por la democracia y la ciencia (la fotografía colabora con la segunda y auxilia en el proceso de industrialización, en la vigilancia y el control), ella posee un estatuto de verdad pues se la presume suministradora de documentos objetivos. Asimismo, se sabe bien el vínculo entre fotografía y realismo literario, pues ambos comenzaron a incrementarse por la misma época, proveyendo a los individuos de un archivo o repertorio a partir del cual les fue posible autopensarse.
Ambas fotos nos devuelven la imagen, que no el ser, de Salvador Elizondo en tanto que asumamos la fotografía como muestra directa de lo “real” que la química hace posible aparecer y sobre la que también rigen las leyes de la física; es decir, como “huella luminosa”, para emplear el bello símil de Philippe Dubois:
Seguramente cae de su propio peso recordar que, en su nivel más elemental, la imagen fotográfica aparece de entrada, simple y únicamente como una huella luminosa, más precisamente como el rastro, fijado sobre un soporte bidimensional sensibilizado por cristales de halogenuro de plata, de una variación de luz emitida o reflejada por fuentes situadas a distancia en un espacio de tres dimensiones.
Es como si el texto anticipara una duda misma del lector y buscara certificar la realidad del “cuerpo” del autor como “significante trascendente”. Pero, ¿y si las fotografías no fueran las de Elizondo sino las de un individuo que se le asemeja, un doble? De otro lado, la presencia de dos fotografías me lleva a pensar en una operación reflexiva. En efecto, la segunda foto complementa/comenta la primera, así como la “Advertencia del autor” complementa/comenta al texto mismo. ¿Cómo leer esta simetría? ¿Qué designa este gesto? Si la fotografía muestra lo que ya jamás será visto de nuevo, me parece detectar una ironización de una imposible autoexigencia mimética, acompañada de una escritura no librada a sí misma cuya semiosis resulta retenida por una entidad que se presupone como existente fuera del texto pero construida textualmente: la del propio Elizondo, tan autocentrado en sus retratos como parece estarlo en su propia obra.


lunes, 7 de febrero de 2011

Escritura autobiográfica y destinatario

Francisco Javier Hernández escribe un interesante ensayo sobre la ESCRITURA AUTOBIOGRÁFICA Y DESTINATARIO, a continuación transcribo un fragmento.
La esencia del discurso autobiográfico radica en hacer de la propia vida del escritor materia y objeto de escritura, en escribir para contarse, movido por una necesidad interior que se canaliza y organiza sin más reglas que las que el propio escritor quiera darle. Y es esta necesidad de escribir sobre sí mismo la que se halla en el origen:
d’un discours sans modéles codifiés, mal intégré dans le systéme des genres littéraires, donc privé de statut reconnu (Starobinski, 1970: p. 84)
Esta pulsión genética va acompañada, en la mayoría de los casos, de la búsqueda y el establecimiento de una complicidad que el escritor intimista considera absolutamente necesaria para la realización de su obra. El discurso autobiográfico es, de todos los discursos literarios, aquel en el que incide con más intensidad la presencia de un destinatario, bien sea un hipotético e indeterminado futuro lector, bien sea, según la moderna crítica literaria, un narratario, es decir, un destinatario inscrito en el texto. La escritura autobiográfica no es sólo ensimismamiento sino, como dice María Zambrano, salida de sí, huida y al mismo tiempo reencuentro de la propia identidad. El escritor intimista busca abrir sus límites, trasponerlos y encontrar, más allá de ello, su unidad acabada Espera como el que se queja, ser escuchado, espera que al expresar su tiempo se cierre su figura; adquirir por fin la integridad que le falta (Zambrano, 1995: 37). La ambigüedad existente entre el movimiento de repliegue sobre la propia interioridad y el impulso de exteriorización es evidente:
¿Se trata, pues, de una escritura intransitiva, narcisista, ensimismada en su propia contemplación? Sí y no. Sí, porque implica una reflexión, digamos heurística sobre la propia identidad. Y no, porque su naturaleza es complementaria, anda a la busca de un interlocutor que le exonere de tanta soledad biográfica acumulada (Caballé. 1996: 6).
O dicho en lenguaje neo-crítico:
Le champ énonciatif se construit dans le pacte entre un énonciateur/narrateur/scripteur et un énonciataire/narrataire/lecteur, ces deux instances renvoyant à la dialectique de l’identité et de la différence. La communication s’effectue á sens unique par le canal de lécrit, de l’énonciateur vers l’énonciataire (Chanfrault- Duchet, 1983: 99).
Resulta, por consiguiente, que en este tipo de literatura, el papel del lector es fundamental (Romera Castillo, 1980: 6). Y es en ese papel fundamental en el que Philippe Lejeune se basa para elaborar su famosa teoría del pacto biográfico como condición primordial de la autobiografía. Según dicha teoría, el pacto autobiográfico es un contrato de lectura que el autor suscribe con el lector por medio del cual asume explícitamente la identidad con el protagonista del relato autobiográfico. Autor, narrador y personaje quedan así identificados en el interior del texto y es esa triple identidad, manifestada en las declaraciones previas o colaterales (titulo, prólogo, notas, acotaciones, etc) o en el mismo texto de la obra, la que, de alguna manera queda garantizada por el pacto. Sin embargo no hay que exagerar ese carácter contractual ni siquiera en aquellas autobiografías en que el pacto es más evidente, y con muy buen criterio Philippe Lejeune (1986) matiza sus primitivas afirmaciones y sale al paso de posibles errores de interpretación. Más que por un contrato en sentido estricto —con todas sus connotaciones jurídicas— Lejeune se inclina por una ilusión o un deseo proyectivos que el autor explicita en grado muy diverso:
Passant un accord avec le narrataire dont Ii construit l’image, l’autobiographe incite le lecteur réel à entrer dans le jeu et donne l’impression d’un accord signé par les deux parties. Mais on voit bien que le lecteur réel peut adopter des modes de lectura différents de celui qui lui est suggéré et que surtout beaucoup de textes publiés ne comportent nullement un contrat explicité (Lejeune, 1986: 21-22).

lunes, 24 de enero de 2011

La pasión por la autobiografía (y II)

Segunda y última parte de la entrevista que Manuel Alberca realizó a Philippe Lejeune (El pacto autobiográfico), para la revista Cuadernos Hispanoamericanos (julio -agosto 2004).

En España, la autobiografía tiene activos y elitistas detractores, que la descalifican por narcisista, exhibicionista y escandalosa o la condenan a la segunda división literaria, ¿por qué algunos sectores universitarios y periodísticos no aprecian el servicio que algunos autobiógrafos prestan a la higiene social de un país y al conocimiento de la complejidad humana?
Puedo tranquilizaros: es parecido en Francia, incluso si las mentalidades han evolucionado desde hace una decena de años. Yo tengo una hipótesis. En los países de tradición protestante u ortodoxa, escribir sobre sí mismo parece una cosa común, ni buena ni mala en sí misma, se encuentra normal que cada uno preste atención a su propia vida y que ésta forme parte de los intercambios sociales. En los países de tradición católica, se tiene mucho miedo del yo, del Diablo y del orgullo, y la atención a sí mismo es sospechosa -de ahí proviene una cultura del secreto, y quizá, a causa de esta opresión, una práctica de lo íntimo más profunda y exigente que en los países protestantes donde el discurso sobre el yo, mejor admitido, queda quizá más superficial. Tengo un poco de vergüenza por simplificar así, pero creo que la razón está ahí. La importancia de la tradición religiosa es evidente. Atraviese el Mediterráneo y vaya a Argelia -verá que el discurso autobiográfico es allí aún más difícil que en Francia o en España.

Sabemos, pues lo ha mencionado en una conferencia, que ahora, después de ocuparse durante quince años de los diarios, vuelve al problema de los orígenes de la autobiografía moderna que, en su opinión, hay que situar en las Confesiones, de J.-J. Rousseau, ¿no es un poco “chovinista” ignorar otros ilustres precedentes?
¡No es una cuestión de chovinismo -por otra parte Jean-Jacques Rousseau no era francés, sino “ciudadano de Ginebra”! Y sé que la tradición de la escritura del yo se remonta a la Antigüedad. Pero yo continúo pensando que la escritura de las Confesiones marca una ruptura profunda. Cuando Rousseau dice: “Yo emprendo una tarea que no tuvo precedente”, es preciso tomarlo en serio. Esta ruptura la ha teorizado él mismo en el preámbulo del manuscrito de Neuchâtel, que la revista Memoria, de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universidad de Barcelona, acaba de publicar por primera vez en español. Rousseau es el primero que se ha decidido de verdad a la tarea loca y peligrosa de contarlo todo sobre sí mismo.

Para cambiar, si le parece, podemos hablar un poco de algunos temas de los que usted no suele ocuparse. Por ejemplo, guarda un elocuente silencio sobre la autoficción (relato de apariencia autobiográfica que se presenta como “novela”, cuyo protagonista tiene la misma identidad del autor), ¿no podría ser la autoficción una vía de innovación autobiográfica?
Una vía de innovación literaria, seguramente. Pero tiene razón de destacar mi silencio y de encontrarlo “elocuente”. Expresa una elección totalmente personal. Confieso que prefiero leer verdaderas novelas en que no tengo que preocuparme del autor, o verdaderas autobiografías en que no me preocupo de la ficción. Prefiero el compromiso a la habilidad, el riesgo al juego -es ciertamente una señal de ingenuidad.

Resulta también muy llamativo que no le haya prestado atención a la biografía ¿qué reservas guarda con respecto a este género, que por otra parte está tan desarrollado en Francia? ¿No cree que el conocimiento de la biografía de un autobiógrafo es imprescindible para acercarnos con mayor propiedad a su autobiografía o diario?
¡Sus preguntas exploran todas mis fallas! Por supuesto, es útil conocer los datos biográficos para evaluar una autobiografía o un diario – igual que es más útil todavía conocer la génesis de una autobiografía para apreciarla (he trabajado con pasión en los borradores de Sartre, de Perec, de Sarraute, por ejemplo, para comprender cómo construían su verdad). Pero no es preciso confundir la información biográfica, tan útil, con la construcción de un relato biográfico. A menudo me he quedado estupefacto de la audacia de los que pretenden poder comprender y juzgar la vida de otro, y de contarlo como si fueran ellos los que la hubiesen vivido. Esto me parece una impostura, o una locura. Es cierto que a veces hay logros admirables -pienso en la biografía de Marguerite Duras por Laure Adler. Pero, ¡es tan infrecuente! la mayoría del tiempo, no llego a comprender como los biógrafos no tienen vergüenza de lo que ellos escriben. Tan legítimo es interpretar una obra, que se ha hecho para esto, y que resistirá nuestra interpretación, como aventurado es interpretar una vida, que no es más que un fantasma que se ha construido con pequeños fragmentos, y que no puede defenderse… A menudo pienso que una autobiografía no podría ser falsa (porque todas sus imperfecciones o sus artimañas definen a su autor) y que una biografía no podría ser verdadera (la más “lograda” no es más que una especie de novela). A veces también, imagino lo que le podría ocurrir a mi propia vida, contada después de mi muerte por un desconocido, incluso lleno de buena voluntad… pero soy un ingrato. Los biógrafos mantienen vivos a los muertos, mantienen la lectura de sus obras, y el diálogo necesario con nuestra identidad. Me temo que he provocado a la mayoría de lectores de esta entrevista, a los que probablemente les gusta leer biografías, y van a encontrarme raro. Quizá he sido, en esta respuesta, excesivo. Los tranquilizo: me ocurre, como a ellos, leo con placer biografías. Digamos, sobre todo, que yo creo que nunca las escribiré.

Hace algunos años, tenía el proyecto de escribir su autobiografía, al menos dijo que la estaba escribiendo, ¿cómo será? ¿Cuándo la podremos leer?
No, no tengo el proyecto de escribir una autobiografía: no me gusta esa palabra en singular, con lo que supone de simplificación. Es verdad que hace tiempo, he podido tener ese deseo, y es lo que explica la elección que he hecho hacia 1969 de la autobiografía como tema de investigación universitaria. Había elegido la autobiografía, construida y seductora, contra el diario -el diario que había escrito de adolescente, y que era el testimonio de mis peripecias existenciales y de mis incapacidades literarias. He trabajado sobre la autobiografía de 1969 a 1986 sin abordar nunca el diario. En 1986, habiendo madurado, he vuelto a la práctica del diario, y desde entonces imagino una síntesis, encontrar una escritura que tuviese la ventaja de los dos (el lado construido de la autobiografía y la autenticidad del diario). Pero ese es mi problema. Escribo para mí sólo, como otros muchos diaristas, es la condición de mi libertad. Lo que supone que nunca nadie que me haya conocido me leará. Yo no publicaré por lo tanto nada. Y si no destruyo lo que he escrito, retrasaré la divulgación de esto lo bastante lejos en el porvenir que evite cualquier interferencia del mundo en el que habré vivido y este en el que seré leído.

Para terminar, ¿hay algo que no le haya preguntado y que le gustaría añadir a esta entrevista?
Sí, me gustaría decir unas palabras del libro que acabo de publicar con Catherine Bogaert, un journal à soi. Histoire d’une pratique. En 1997, gracias a la Asociación para la autobiografía y la Biblioteca municipal de Lyon, habíamos organizado una exposición de diarios personales -más de 200 diarios originales, mostrando toda la belleza y la dignidad de esta práctica. Las exposiciones son efímeras, hemos prolongado nuestro trabajo por este “bello libro” (formato libro de arte, con más de 200 reproducciones de color) que es al mismo tiempo un intento general, para hacer visible de manera más duradera lo que usted ha llamado tan felizmente la escritura invisible.

martes, 18 de enero de 2011

Las dos vidas de Ricardo Piglia

"Empecé a escribir un diario a fines de 1957 y todavía lo sigo escribiendo. Muchas cosas cambiaron desde entonces, pero me mantengo fiel a esa manía. Por supuesto, no hay nada más ridículo que la pretensión de registrar la propia vida. Uno se convierte automáticamente en un clown. Sin embargo estoy convencido de que si no hubiera empezado una tarde a escribirlo jamás habría escrito otra cosa..."
Ricardo Piglia

Notas en un diario es el nombre de la nueva sección que publicará en exclusiva y una vez al mes el escritor Ricardo Piglia (Adrogué, Buenos Aires, 1940) en la revista literaria y cultural de EL PAÍS. Piglia es uno de los autores más prestigiosos del panorama actual, gracias a títulos como Respiración artificial, Plata quemada y Blanco nocturno (elegido el año pasado el tercer mejor libro de 2010 por Babelia). El sábado 15 de enero Babelia empezó a mostrar como son los míticos diarios del escritor argentino. 

lunes, 17 de enero de 2011

La pasión por la autobiografía (I)

Cuadernos Hispanoamericanos (julio-agosto, 2004) publicó una interesante entrevista que Manuel Alberca realizó a Philippe Lejeune, autor de El pacto autobiográfico. Aquí presento la primera parte de dos:

El pasado febrero, invitado por el Instituto Francés, Philippe Lejeune (Burdeos, 1938) presentó en Madrid y Barcelona su último libro, Un journal à soi. Histoire d’une pratique (París, Editions Textuel, 2003), en el que sintetiza sus investigaciones sobre el diario personal, denominación que prefiere a la de diario íntimo por ser menos restrictiva. En Francia existen ya algunos libros notables sobre los diarios publicados, como por ejemplo el de Alain Girad o el de Béatrice Didier, pero éste, a diferencia de los anteriores, no trata tanto de los diarios editados como de su vida y circunstancias, y no sólo sobre los más conocidos, sino sobre la inmensa masa de escritura diarística que no suele recibir los honores de la imprenta. Detrás de este libro, está el trabajo de quince años y varios libros dedicados a los diarios, entre los que destacan Cher cahier… (1990), sobre su escritura en la Francia actual, Le moi des demoiselles (1993), sobre los diarios de las “jovencitas casaderas” en el siglo XIX y Cher écran… (2000), sobre los diarios en Internet. Hay también una ejemplar “militancia” por la dignidad y la conservación de los textos autobiográficos, que dio lugar, en 1992, a la Association pour l’autobiographie (APA), de la que Lejeune es, además de inspirador, animador principal.
Pero Lejeune es más conocido en España por el “pacto autobiográfico” (Le pacte autobiographique, 1975, traducido al español, El pacto autobiográfico y otros estudios, Madrid, Endymion, 1994, que es un libro casi inencontrable). El “pacto” es su definición de la autobiografía, trascendental para los estudios de este género, incluso para los que la impugnan, pues de alguna manera definen sus posturas frente éste. A la vista de los reparos y críticas y de las inevitables reducciones que toda definición implica, el propio Lejeune fue remodelando su teoría en otros libros (Je est un autre, 1980, y Moi aussi, 1986) y ampliándola, al considerar autobiografías, que se escapaban del molde clásico, como las de Michel Leiris y Georges Perec (Lire Leiris, 1975; La mémoire et l’oblique. Georges Perec autobiographe, 1991). Sobre todo esto he querido preguntar a Lejeune con el deseo de acercar un poco más a los lectores españoles el pensamiento y la obra del que es posiblemente el más destacado estudioso de la escritura autobiográfica.

Si le parece, podemos empezar por el “pacto autobiográfico”, ¿cómo les explicaría a los lectores españoles, en pocas palabras y de manera sencilla, en qué consiste el “pacto”?
Es la promesa de decir la verdad sobre sí mismo. Esto se opone al pacto de ficción. Uno se compromete a decir la verdad de sí mismo tal como uno mismo la ve. Su verdad. Esto provoca en el lector actitudes de recepción específicas, que yo diría “conectadas”, como en la vida cuando alguno nos cuenta su existencia. Uno se pregunta si la persona dice la verdad o no, se equivoca sobre sí mismo, etc. Uno se pregunta si le gusta. Lo compara con su propia vida, etc. El pacto de ficción nos deja mucho más libres, estamos “desconectados”, no tiene sentido preguntarnos si es verdadero o no, nuestra atención no está ya focalizada en el autor, sino sobre el texto y la historia, de la que podemos alimentar más libremente nuestro imaginario.

Su definición introduce conceptos como promesa y compromiso de decir la verdad, ¿es posible ser veraz y sincero sobre sí mismo a través de la escritura autobiográfica sin resultar ingenuo?
Todos los seres humanos son ingenuos cuando cuentan su vida, sea oralmente o por escrito. Corresponde al lector tomar la distancia que quiera. Cuando un ser humano nos hace el regalo de contarnos cómo ha vivido, es a nosotros a quienes corresponde hacer fructífera esa experiencia de comunicación. El sociólogo Pierre Bourdieu ha escrito, poco antes de su muerte, un Essai d’auto-analyse que acaba de ser publicado en Francia. Para demostrar que él no era ingenuo, ha declarado al comienzo, muy ingenuamente: “Esto no es una autobiografía”. Pero es una autobiografía, evidentemente, muy hermosa por otra parte. Su genio intelectual no le permitía ver su vida con un punto de vista limitado, sus posiciones, sus rodeos. Y está muy bien así. Estos límites, que lo definen, me interesan.

¿Es suficiente que una autobiografía sea veraz o lo pretenda para considerarla una obra literaria? Dicho de otro modo, ¿en qué consiste la “literariedad” de una autobiografía?
Esta pregunta muestra hasta qué punto la autobiografía pone en entredicho la noción de “literariedad”, y el culto estrecho de la que forma parte. ¿No había, al comienzo del siglo XX, personas que se preguntaban si el jazz formaba parte de la música? El fin de la autobiografía es transmitir una experiencia humana, y hay varios caminos para esto. Escritores de vanguardia, como Michel Leiris o Georges Perec, han inventado formas de escritura nuevas absolutamente revolucionarias. Pero la “literariedad” puede revestir formas académicas o pretenciosas. En sentido inverso, personas que no son escritores pueden crear unas maneras eficaces y sorprendentes de contar su vida. De hecho, del surrealismo al arte espontáneo, pasando por el dominio eficaz de los medios clásicos, todo es posible en autobiografía. Yo añadiría que encuentro que se subestima la literatura al encerrarla en la “literariedad”.

¿Por qué pasó del estudio de los grandes nombres de la autobiografía francesa a ocuparse de la lectura y archivo de los diarios personales de la gente desconocida? ¿Qué ha pesado más en esta decisión el posible interés histórico, social y antropológico de estos textos o la defensa de los valores de la escritura autobiográfica?
Lo que ha pesado, es la curiosidad. Ésta me ha ayudado a saltar los límites artificiales de las disciplinas y de los “cánones” literarios, a comprender el interés de lo pluridisciplinar, es decir, lo universal, de los textos autobiográficos. Al estudiar la autobiografía oral de Sartre, después de haber estudiado Las palabras, es cuando he tomado conciencia que era preciso tomarlo en serio, cuando él pretendía ser cualquiera. Al descubrir las complicaciones y las artimañas del relato de vida de un empleado de comercio autodidacta del siglo XIX, que era mi bisabuelo, he comprendido que cualquiera podía convertirse en el artista de su propia vida. Desde 1986, me he sumergido en el universo todavía prácticamente desconocido del diario personal. ¡Se conocen tan pocas cosas de los diarios, hay tan pocos publicados! Es como un continente engullido, de tesoros que reposan en el fondo de los mares; tranquilos o agitados, de la intimidad. Por lo tanto, mi motor es la curiosidad.

Usted ha tenido un papel principal en la creación de la Association pour l’autobiographie (APA). En primer lugar, ¿qué es la APA, cómo nació y cómo se financia? En segundo lugar, ¿qué representa su diario o su autobiografía para la gente que los deposita en la Asociación y por qué quieren que otros los lean?
He creado el APA con unos amigos en 1992 para responder a una petición que se me hacía a menudo: personas desconocidas me escribían para que leyese su autobiografía, para que les ayudase a conservar sus diarios. Buscaban muy modestamente una forma de diálogo, y una posibilidad de sobrevivir. No podía hacer todo esto solo, ni convertir mi domicilio en lugar de archivo. Una pequeña ciudad de provincias, Ambérieu-en-Bugey, ha puesto su biblioteca a nuestra disposición, con un gran espacio disponible. Hemos constituido unos grupos de lectura (cinco grupos de una decena de personas) y desde 1992 hemos leído, comentado y archivado más de 1500 textos autobiográficos (relatos de vida, diarios, correspondencias). Publicamos un catálogo razonado de nuestros fondos (el Garde-mémoire, cinco volúmenes aparecidos), valoramos estos textos hablando de ellos en nuestra revista La Faute à Rousseau, organizando lecturas públicas y mesas redondas, poniéndolos a la disposición de los investigadores, historiadores o especialistas en ciencias humanas. Actualmente nuestra asociación tiene 850 socios, que pagan una cotización de 35 euros, constituye nuestro recurso principal, pero también recibimos ayuda en especie de la ciudad de Ambérieu, y recibimos algunas subvenciones de organismos públicos (en particular del ministerio de Cultura). Al mismo tiempo, permitimos a los amantes de la autobiografía y del diario reunirse (grupos de intercambio, fines de semana de encuentros, etc.) e intentamos cambiar un poco las mentalidades en Francia, de que se reconozca la dignidad y el interés de la escritura del yo.

Ud. ha denominado “diarios monstruos” a los que alcanzan una extensión de millares de páginas; en ellos da la impresión, quizá errónea, de que la compulsión a escribir ha suplantado a la vida. ¿Es el diario, en estos casos, un problema más que una solución? ¿Existe una grafomanía o patología del diarista?
Sí, hay diarios monstruos -pero esta monstruosidad no es forzosamente “psicopatológica”- no es más que el reflejo de la monstruosidad de nuestra vida misma. ¡Pensemos en todos los días que hemos vivido ya! Para vivir, y precipitarnos hacia el porvenir, los olvidamos. Pero si se escriben algunas líneas cada día, sin ser ningún grafómano, al final de unas decenas de años, esto compondrá un texto inmenso, ¡qué tendría de malo releerlo! El diario hace visible el torbellino del tiempo…

lunes, 27 de diciembre de 2010

La nueva autobiografía


 
 Existe una nueva corriente autobiográfica conocida como nueva autobiografía (conocida también como narrativa personal de no ficción, memoria literaria o literatura del yo), presenta características propias de las que habla la autora estadounidense Tristine Rainer en su libro Your life as story. Writing the new autobiography:
Aunque no muy bien comprendida aún, se está volviendo cada vez más popular en nuestra cultura. Es nueva porque está siendo escrita por nuevas voces, y no sólo por aquellas que representan el punto de vista oficial y dominante. Es nueva porque está escrita más como autodescubrimiento que como autopromoción. Es nueva porque contiene la vida individual, no a través de los viejos mandatos puritanos de educación moral, ni a través de credos decimonónicos de éxito material ni de fórmulas de psicología reduccionista del siglo XX, sino más bien a través de la cohesión de literatura y mito. En cuanto al estilo, es nueva porque emplea elementos que pertenecen a la escritura de ficción (cuento o novela), como escenas y diálogos [...]. La nueva autobiografía transforma el modo como vemos y valoramos aun las vidas más pequeñas, más privadas y aparentemente insignificantes. Existe una redefinición completa de quién puede escribir sobre su vida, para quién se escribe, las razones por las cuales se escribe, cómo escribir, sobre qué se escribe, y qué se hace finalmente con lo que se escribió.
Más adelante agrega:
Su valor será medido no por cuánta gente lo lee o cuántas buenas críticas recibe, sino por la experiencia creativa que le da a su autor.
Una interesante mirada a la escritura autobiográfica de parte de una de las autoras que más ha contribuido al desarrollo de la autobiografía en Estados Unidos.